Un paseo por la historia, por rincones llenos de encanto y repletos de curiosidades es lo que ofrece la ruta nÚmero 1 de la GuÍa de los Patios de El DÍa, un itinerario que discurre por los barrios del AlcÁzar Viejo, la JuderÍa y la AxerquÍa. Sin duda, todo un lujo para el visitante que, ademÁs de ver patios con solera, tiene la oportunidad de perderse por estrechas calles llenas de recovecos que acaban en autÉnticos tesoros florales.

La calle San Basilio es una de ellas y son pocas las casas que no esconden en su interior un patio, como el del nÚmero 14 y en el que vive Enriqueta Maya “desde siempre”, asegura. La mujer aguanta de manera estoica todas las maÑanas -desde que la semana pasada diera comienzo el tradicional concurso- el paso de cientos y cientos turistas y responde sin problema a cuÁntas preguntas le hagan, en su mayorÍa, todas del mismo tipo: cuÁntas macetas hay, cuÁntas veces se riega al dÍa o cÓmo era esto antes. Con la lecciÓn bien aprendida, al igual que la mayor parte de las respuestas, por el paso de demasiados meses de mayo al frente, Maya se resigna y asegura que “no nos queda otro remedio, pero antiguamente no venÍa tanta gente como ahora”.

MÁs de medio millar de macetas pueblan este pequeÑo recinto, del que todos sus visitantes se llevan una fotografÍa de recuerdo. Enriqueta sigue viviendo en esta casa desde el dÍa que naciÓ y recuerda que cuando era pequeÑa “en cada puerta vivÍa una familia y eran unas diez”. Como anÉcdota la mujer destaca las estrecheces que pasaban los vecinos que vivÍan en la primera planta. “Las habitaciones eran tan pequeÑas que para dormir tenÍan que colgar las sillas en la pared”, dice.

Lo bueno de esta ruta por San Basilio es la escasa distancia a la que se encuentran estos tesoros y otro de ellos es el que se ubica en el nÚmero dos de la calle MartÍn de Roa. Su sello de identidad es bien claro: el color aÑil de sus tiestos. Quien se encarga de cuidar las cerca de 800 macetas que hay en este patio es Araceli LÓpez, quien incide en el trabajo que supone mantener este recinto y en saber aguantar el tipo ante los comentarios de los turistas, su comportamiento y el poco dinero que, a su juicio, dejan sobre la bandeja.

Junto al aÑil de sus mejores macetas para huerto urbano decantÓ por este color en recuerdo a “la seÑora de Espejo que me criÓ”, segÚn cuenta-, su patio es de los pocos que puede presumir de tener un trozo de muralla completamente adornado de geranios y gitanillas, que alcanza una altura de “unos nueve metros por lo menos”, seÑala. LÓpez presume, ademÁs, de todos los detalles que lucen en su patio -como una gran escalera de madera azul que reposa sobra la muralla o dos antiguos lavaderos-, en el que tambiÉn aprovecha para vender a los turistas trozos de jabÓn casero por un euro o pequeÑos tiestos a quienes se lo pidan. Ambas casas son sÓlo una pequeÑa muestra de los patios que se integran en el AlcÁzar Viejo, del que tambiÉn forman parte recintos tan populares como el 28 de la calle Postrera o el 9 de MartÍnez Roa.

Esta primera ruta incluye visitas mÁs que imprescindibles a otras zonas, como la de la JuderÍa y, en ella, al patio de Rosario FernÁndez, en el nÚmero 11 de la calle EncarnaciÓn. Se trata de una casa del siglo XVI y en el patio -que comenzÓ a participar en el concurso allÁ por los 60 del pasado siglo-, se pueden ver petunias, rosales, claveles, helechos, una flor de seda y palmeras. A todas ellas se suma una composiciÓn con tiestos sobre la pared principal del patio que hace la forma de un abanico. “Esto es muy duro y mantener el patio tiene mucho sacrificio; te tiene que gustar mucho para abrir tu casa a la gente”, sostiene la propietaria, que ve con buenos ojos que este aÑo el ganador del concurso de patios -al que se presentan 48 espacios, tres mÁs que en la ediciÓn del aÑo pasado- se haya retrasado hasta el prÓximo jueves. A su juicio, se trata de una decisiÓn “perfecta porque asÍ la gente va a todos los patios y no sÓlo a las que ganan”.

Otro elemento que no hay dejar de ver en este patio es la enorme buganvilla que lo preside o el rincÓn andalusÍ que monta Rosario bajo un arco y en el que este aÑo ha colocado una guitarra flamenca y fotografÍas de los cantaores ya fallecidos Enrique Morente y CamarÓn. La actividad en esta casa no cesa una vez que el certamen concluye. AsÍ, la mujer reconoce que a partir del prÓximo lunes dejarÁ la puerta abierta “para quien quiera asomarse y ver el patio”.

El patio del nÚmero 1 de la calle MartÍnez RÜcker estÁ ligeramente escondido y son un par de folios sobre una pared los que indica dÓnde se encuentra. Sin duda, lo llamativo de esta casa es que en ella muriÓ en julio de 1608 el poeta, pintor, escultor y arquitecto Pablo de CÉspedes. En ella viven ahora siete familias cordobesas y son cuatro las mujeres las que se encargan de preparar el patio cada aÑo, segÚn cuenta Lourdes, una de ellas y que es muy reservada a la hora de contar anÉcdotas o detalles del mismo. La belleza, no obstante, es mÁs que evidente ya sean por los tiestos azules de los geranios, por su enorme enredadera, por las gitanillas o por el pozo con el brocal Árabe que lo preside. Todo un tesoro escondido.

La AxerquÍa tambiÉn guarda rincones de belleza y, por ejemplo, la calle Maese Luis cuenta con dos claros exponentes. Uno de ellos es el patio que preside el nÚmero 9 de esta calle y en cuya entrada hay un azulejo que avisa de que el aforo mÁximo es de 15 personas, por lo reducido de sus dimensiones. Luisa GarcÍa es su propietaria y puede presumir, ademÁs, de tener el trabajo en casa, ya que justo detrÁs del patio -separado por un gran ventanal- se encuentra el taller de cerÁmica RakÚ. Antes de adquirir esta casa, Luisa GarcÍa viviÓ en el 5 de la calle MarroquÍes, en pleno barrio de Santa Marina y ese fue el motivo que le llevÓ a instalarse en una casa-patio.

TambiÉn ella, como el resto de propietarios consultados ayer por este diario, aplaude la decisiÓn de retrasar el nombre de los patios ganadores. GarcÍa tampoco tiene reparos en asegurar que en los Últimos aÑos “los patios han perdido calidad en las visitas porque se han masificado”. “Antes era mucho mÁs tranquilo y no venÍa tanta gente”, explica. AdemÁs de los irreemplazables geranios, en este coqueto patio destaca el limonero en espaldera que se asienta sobre una de las paredes.

MÁs arriba, en el nÚmero 22 de la misma calle, se encuentra la casa de Isabel LÓpez, toda una vivienda remozada con un patio esplÉndido y ancho y galardonado en varias ocasiones, aunque “ya llevo algunos aÑos sin ganar”, confiesa. Sin duda, la presencia de hasta cinco tortugas en el patio es uno de los puntos mÁs destacados de este recinto. La razÓn es muy sencilla. SegÚn cuenta, sus hermanas viven en Barcelona y tienen tortugas; cada vez que viaja hasta la ciudad condal “siempre me dicen que me traiga alguna”. Este aÑo no ha fallado a su cita y “esta Semana Santa me he traÍdo dos”, incide.

A sus 72 aÑos, Isabel es otra de las veteranas del concurso y no se cansa en proclamar su amor por los patios. “Yo disfruto mucho enseÑando el patio”, explica y aÑade que a pesar del trabajo que necesita y cuidados que requieren sus platas “vivo sola y no tengo ayuda de las vecinas”, apunta. La mujer subraya que el patio siempre estÁ preparado durante todo el aÑo porque “no lo adorno sÓlo para el concurso; siempre estÁ bien”.